martes, 3 de julio de 2012

LA CRISIS ECONÓMICA: INCERTIDUMBRE Y OPORTUNIDAD







Como sabemos, en España llevamos unos cuantos años en los que desgraciadamente a nuestro vocabulario habitual ha ido incorporándose otros conceptos propios de la ciencia económica, microeconómicos y macroeconómicos; el déficit, la deuda, la inflación, el PIB, la recesión, entre otros conceptos u el BCE, la troika, la OCDE o el FMI como órganos supranacionales difusos, se puede decir que se han convertido en  a veces verdugos y órganos decisores de muchas de las políticas que inciden en nuestro día a día con los continuos recortes y reducciones en el gasto público y en la inversión.

Ante la ausencia de una respuesta organizada y en común de los países que conforman la Unión Europea, así como los controvertidos y discutidos planes de ajuste y moderación del déficit entre los distintos países, especialmente en España e Italia, no es raro pensar que esta crisis haya pasado de económico a lo social rápidamente. Muchas familias han visto en los últimos años, como buena parte de los ingresos que contaban han ido decreciendo como consecuencia del azote del desempleo que ha generado la crisis en general y la reducción del crédito y el pinchazo de la burbuja inmobiliaria en particular; ante esta situación de incertidumbre ante el qué pasará, no resulta chocante que muchas familias hayan recurrido a la emigración a otros países con la esperanza de aspirar a una vida mejor, que en España parece que se le es negada, o incluso al regreso a la casa de los padres para poder economizar y hacer algo de ahorro frente al aumento de gastos y bajada de ingresos. Los abuelos y abuelas se han convertido en buena medida, aunque pueda resultar paradójico, en verdaderos héroes anónimos, que con su cariño, tolerancia y dedicación incondicional han conseguido que la situación para muchos padres y madres sea mucho más liviana y soportable.

Desde una perspectiva sociológica esta época de crisis ha llevado a un reforzamiento de la solidaridad y caridad, no solo en el ámbito familiar sino en la sociedad en general. La familia como bastión fundamental para la vida de cualquier ser humano se ha convertido en una empresa común en la que todos contribuyen al sostenimiento de todos, particularmente las personas mayores, como hemos indicado, han renunciado en buena medida a su vida tranquila para volver al fragor de la batalla que supone el salir adelante en este contexto tan negativo desde el punto de vista económico y social.

Efectivamente nos hemos convertido sin querer en analistas económicos, aunque en buena medida en cada familia siempre ha habido un/a economista que se ha encargado siempre de mantener la balanza positiva de ingresos y gastos, aplicando el ahorro ante  lo imprevisible del futuro, este papel lo han solido realizar las madres como administradoras principales de las cuentas familiares.

Saltando al plano político, hay que destacar que en la actualidad estamos asistiendo a una sensación social en general de cierto escepticismo político y desconfianza ante los partidos políticos y ante las decisiones tomadas por el ejecutivo, que abogan por salir de la crisis a costa de la reducción en la partida del gasto público, que se traduce en desagradables medidas como el copago o repago sanitario, el aumento de la edad de jubilación o la reducción de profesores en nuestras escuelas, entre muchas otras; otro sector que aglutina buena parte de la crítica de la opinión pública por méritos propios es el sector financiero privado, es decir, los bancos y cajas de ahorro principalmente, que con sus conductas antiéticas  e irracionales han conseguido tener tan mala imagen de cara al ciudadano, más cuando en buena medida ante la ausencia de capital líquido en la banca y la necesidad de recapitalización como motor de funcionamiento de la banca, ha sido el propio ciudadano el que con sus aportaciones a través de los impuestos estatales principalmente ha contribuido a la ahora partida destinada al rescate de los bancos impulsado por el gobierno, y que supone el recorte en otras partidas tan importantes como las  ya comentadas anteriormente.

Con más de cinco millones de personas en desempleo, aunque cifra que ha de ser atenuada ante el continuo fraude en el mercado laboral y a la SS, con un Estado que está en manos de los especuladores y los mercados más ruines avocando al pago de un interés de la deuda a unos niveles desorbitados, con un contexto socioeconómico mundial de desconcierto y ausencia de respuestas contundentes y efectivas a la crisis, y con la paralización en la adjudicación de créditos a familias y empresarios necesitados de ellas como consecuencia de la crisis del capital bancario, la situación no puede ser más gris para los ciudadanos. No resulta raro que muchos jóvenes vean su futuro en la emigración a otros países para poder conseguir un empleo acorde a su capacitación académica y profesional, una verdadera tragedia si ponemos como comparativa que muchos de ellos, la mayoría, han sido financiados por los españoles con su aportación a las ayudas y becas al estudio para su formación y que ahora esa preparación redundará fuera de nuestras fronteras en lo que se ha llamado irónicamente en llamar “fuga de cerebros”.

Evidentemente la situación no es nada favorable, pero no todo tiene porque ser negativo, esta época de crisis estructural es una oportunidad excelente para la eclosión de grandes ideas, la historia del mundo ha demostrado que las épocas de mayor convulsión política, social o económica han sido alentadoras de grandes movimientos sociales que han llevado a un cambio en el paradigma social (revolución francesa, oposición a la dictadura franquista en el exilio o el movimiento negro en los EE.UU por Luther King) por citar solo algunos ejemplos.

 Esta época de adversidades, supone un desafío y una potenciación de la imaginación que algunos valientes pueden aprovechar para proyectar su modelo empresarial o para esgrimir las ideas en las que nunca pensó, para reivindicar por otro modelo político y social o simplemente para mostrar otras actitudes e inquietudes en aquellos aspectos de la vida en las que el acomodo muchas veces hace que nos olvidemos. Ser conscientes de la situación que nos rodea, pensar en cómo sería nuestro mundo ideal o activarse en pro del cambio, son distintas facetas en las que la sociedad está proyectando su incertidumbre ante la crisis. Por tanto y para terminar este trabajo,  decir que en estos tiempos que corren de pesimismo social  me parece una excelente oportunidad no obstante, para el afloramiento de una nueva corriente ideológica, una nueva forma de concebir y entender el mundo, para desprendernos de lo material y dejarnos cautivar por lo atractivo y mágico de lo inmaterial (ideas, sentimientos, sensaciones, sueños, etc.), para tomar una actitud crítica ante la vida sin desmerecer ni vanagloriar sin fundamento, para construir en definitiva desde nuestras ideas y ser fieles con nuestro YO, ser en definitiva más libres para escuchar y ser consecuentes con nuestra hasta ahora ignorada razón. Una oportunidad para crecer como especie.
Jesús Martín Rosa

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