
Como sabemos, en España llevamos
unos cuantos años en los que desgraciadamente a nuestro vocabulario habitual ha
ido incorporándose otros conceptos propios de la ciencia económica, microeconómicos
y macroeconómicos; el déficit, la deuda, la inflación, el PIB, la recesión,
entre otros conceptos u el BCE, la troika, la OCDE o el FMI como órganos
supranacionales difusos, se puede decir que se han convertido en a veces verdugos y órganos decisores de muchas
de las políticas que inciden en nuestro día a día con los continuos recortes y reducciones
en el gasto público y en la inversión.
Ante la ausencia de una respuesta
organizada y en común de los países que conforman la Unión Europea, así como
los controvertidos y discutidos planes de ajuste y moderación del déficit entre
los distintos países, especialmente en España e Italia, no es raro pensar que
esta crisis haya pasado de económico a lo social rápidamente. Muchas familias
han visto en los últimos años, como buena parte de los ingresos que contaban
han ido decreciendo como consecuencia del azote del desempleo que ha generado
la crisis en general y la reducción del crédito y el pinchazo de la burbuja
inmobiliaria en particular; ante esta situación de incertidumbre ante el qué
pasará, no resulta chocante que muchas familias hayan recurrido a la emigración
a otros países con la esperanza de aspirar a una vida mejor, que en España
parece que se le es negada, o incluso al regreso a la casa de los padres para
poder economizar y hacer algo de ahorro frente al aumento de gastos y bajada de
ingresos. Los abuelos y abuelas se han convertido en buena medida, aunque pueda
resultar paradójico, en verdaderos héroes anónimos, que con su cariño,
tolerancia y dedicación incondicional han conseguido que la situación para
muchos padres y madres sea mucho más liviana y soportable.
Desde una perspectiva sociológica
esta época de crisis ha llevado a un reforzamiento de la solidaridad y caridad,
no solo en el ámbito familiar sino en la sociedad en general. La familia como
bastión fundamental para la vida de cualquier ser humano se ha convertido en
una empresa común en la que todos contribuyen al sostenimiento de todos,
particularmente las personas mayores, como hemos indicado, han renunciado en
buena medida a su vida tranquila para volver al fragor de la batalla que supone
el salir adelante en este contexto tan negativo desde el punto de vista
económico y social.
Efectivamente nos hemos convertido
sin querer en analistas económicos, aunque en buena medida en cada familia
siempre ha habido un/a economista que se ha encargado siempre de mantener la
balanza positiva de ingresos y gastos, aplicando el ahorro ante lo imprevisible del futuro, este papel lo han
solido realizar las madres como administradoras principales de las cuentas
familiares.
Saltando al plano político, hay que
destacar que en la actualidad estamos asistiendo a una sensación social en general
de cierto escepticismo político y desconfianza ante los partidos políticos y
ante las decisiones tomadas por el ejecutivo, que abogan por salir de la crisis
a costa de la reducción en la partida del gasto público, que se traduce en
desagradables medidas como el copago o repago sanitario, el aumento de la edad
de jubilación o la reducción de profesores en nuestras escuelas, entre muchas
otras; otro sector que aglutina buena parte de la crítica de la opinión pública
por méritos propios es el sector financiero privado, es decir, los bancos y
cajas de ahorro principalmente, que con sus conductas antiéticas e irracionales han conseguido tener tan mala
imagen de cara al ciudadano, más cuando en buena medida ante la ausencia de
capital líquido en la banca y la necesidad de recapitalización como motor de
funcionamiento de la banca, ha sido el propio ciudadano el que con sus
aportaciones a través de los impuestos estatales principalmente ha contribuido
a la ahora partida destinada al rescate de los bancos impulsado por el
gobierno, y que supone el recorte en otras partidas tan importantes como las ya comentadas anteriormente.
Con más de cinco millones de
personas en desempleo, aunque cifra que ha de ser atenuada ante el continuo
fraude en el mercado laboral y a la SS, con un Estado que está en manos de los
especuladores y los mercados más ruines avocando al pago de un interés de la
deuda a unos niveles desorbitados, con un contexto socioeconómico mundial de
desconcierto y ausencia de respuestas contundentes y efectivas a la crisis, y
con la paralización en la adjudicación de créditos a familias y empresarios
necesitados de ellas como consecuencia de la crisis del capital bancario, la
situación no puede ser más gris para los ciudadanos. No resulta raro que muchos
jóvenes vean su futuro en la emigración a otros países para poder conseguir un
empleo acorde a su capacitación académica y profesional, una verdadera tragedia
si ponemos como comparativa que muchos de ellos, la mayoría, han sido
financiados por los españoles con su aportación a las ayudas y becas al estudio
para su formación y que ahora esa preparación redundará fuera de nuestras
fronteras en lo que se ha llamado irónicamente en llamar “fuga de cerebros”.
Evidentemente la situación no es
nada favorable, pero no todo tiene porque ser negativo, esta época de crisis
estructural es una oportunidad excelente para la eclosión de grandes ideas, la
historia del mundo ha demostrado que las épocas de mayor convulsión política,
social o económica han sido alentadoras de grandes movimientos sociales que han
llevado a un cambio en el paradigma social (revolución francesa, oposición a la
dictadura franquista en el exilio o el movimiento negro en los EE.UU por Luther
King) por citar solo algunos ejemplos.
Esta época de adversidades, supone un
desafío y una potenciación de la imaginación que algunos valientes pueden aprovechar para
proyectar su modelo empresarial o para esgrimir las ideas en las que nunca
pensó, para reivindicar por otro modelo político y social o simplemente para
mostrar otras actitudes e inquietudes en aquellos aspectos de la vida en las
que el acomodo muchas veces hace que nos olvidemos. Ser conscientes de la
situación que nos rodea, pensar en cómo sería nuestro mundo ideal o activarse
en pro del cambio, son distintas facetas en las que la sociedad está proyectando
su incertidumbre ante la crisis. Por tanto y para terminar este trabajo, decir que en estos tiempos que corren de pesimismo social me parece una excelente oportunidad no obstante, para el
afloramiento de una nueva corriente ideológica, una nueva forma de concebir y
entender el mundo, para desprendernos de lo material y dejarnos cautivar por lo
atractivo y mágico de lo inmaterial (ideas, sentimientos, sensaciones, sueños, etc.),
para tomar una actitud crítica ante la vida sin desmerecer ni vanagloriar sin
fundamento, para construir en definitiva desde nuestras ideas y ser fieles con
nuestro YO, ser en definitiva más
libres para escuchar y ser consecuentes con nuestra hasta ahora ignorada razón.
Una oportunidad para crecer como especie.
Jesús Martín Rosa
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